Sana tu ser

Acompañamiento en el crecimiento personal y recuperación emocional.


Sidnye
20 Apr
20Apr


El terror del gaslighting, porque lo definiría como tal por el propio dolor que genera, acompañado de impotencia y frustración. Y es que parece que esa persona queda "inmune" frente a lo que dice y hace, y que además los focos te alumbran a ti, como si tú hubieras propiciado la situación o el hecho.


La perplejidad frente a su pasividad, como aquel que ve que empieza a llover y la tormenta viviera más de tu atención que de su responsabilidad. Y sí, en gran parte esa tormenta que rompe viene de tu voz, tu verdad, la propia sombra de tu raciocinio. Parece que fluye por sí sola, pero con ciertos inconvenientes, porque caes en la trampa y quedas en exposición de ese o esa narcisista, donde sus ojos asienten y liberan dudas y más dudas. 


Pero se te escapa algo que sabe muy bien semejante ser: recibes el daño "invisible", sin forma para demostrar, y tu propia reacción, lo que es conocido como el abuso reactivo. Es decir, pones en evidencia sus actos, pero estos rebotan con más fuerza contra ti como un acordeón o boomerang. Desde tu voz, verás que tu narrativa pierde sentido y, quizá, los que más quieran ayudarte te señalen más, simplemente porque es difícil de comprender desde una personalidad saludable el rol narcisista.


Tendrán tendencia a cierta incredulidad, a quitar hierro a la situación o, peor aún, a decirte la frase: pasa página o no te merece. Todo esto ocurre cuando tu verdad golpea todas tus entrañas y la furia que bloquea tu calma puede hacerte perder incluso amistade. Se trata de una de las fases más arriesgadas, ya que si lo dejas pasar por primera vez, cada vez se difumina más esa relación o vínculo hasta tal punto que pierdes la dirección del eje y cuestionas tu esencia, valores, todas tus experiencias pasadas e incluso tu propia responsabilidad en ámbito general. 


Caes en un mundo donde parece que el abusador o abusadora es el protagonista de tu historia, donde la depredación es a un nivel de pérdida de voluntad y despersonalización
Y tras los días y el tiempo, en ese vacío de identidad, el silencio se convierte en tu peor enemigo. Recuperar el eje no es una tarea sencilla, pues implica desaprender la culpa que te han inoculado y empezar a validar tu propia percepción de la realidad. 


El camino de vuelta a uno mismo comienza cuando dejas de buscar la aprobación de quien te anula y empiezas a confiar en ese instinto que, aunque debilitado, te dice que algo no está bien. No eres la tormenta, eres quien sobrevive a ella, y volver a ser el protagonista de tu propia historia es el acto de rebeldía más necesario para tu sanación.


Pero se te escapa algo que sabe muy bien semejante ser: recibes el daño "invisible", sin forma para demostrar, y tu propia reacción, lo que es conocido como el abuso reactivo. Es decir, pones en evidencia sus actos, pero estos rebotan con más fuerza contra ti como un acordeón o boomerang. Y el efecto es devastador

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